Por qué hoy cuesta más poner límites. Poner límites es una de las partes más difíciles de la crianza actual, porque la autoridad ha cambiado. “Porque soy tu padre” ya no funciona; los niños de hoy cuestionan, discuten y se resisten a cualquier regla como no lo habrían hecho los niños de una generación atrás.
La trampa de querer un hijo feliz. La autora pone como ejemplo a Rosa, cuya hija Yazmín, de cinco años, pelea todas las noches a la hora de dormir pidiendo agua, la luz encendida y que su mamá se quede. Rosa se siente cruel al dejarla. El verdadero problema es que Rosa quiere que su hija cumpla la regla y además esté contenta con ella. Todos, incluso los adultos, nos resistimos a los límites al principio y después nos adaptamos. Un niño protesta ante un “No” y luego lo acepta si el padre se mantiene firme. Ceder ante el llanto, las caritas tristes o la manipulación emocional le enseña al niño que los límites siempre fallan, y lo hace sentirse poderoso y con el control. Los límites se vuelven más difíciles de poner con la edad y son casi imposibles en la adolescencia.
La culpa como punto débil. Los padres divorciados, en particular, pueden tener dificultad para ser firmes por la culpa (por la separación o por el tiempo que pasan lejos). Los niños aprenden pronto a detectar y aprovechar estas debilidades. Los padres no deben dejarse convencer por los “ojitos tristes”.
Pautas para lograr que los niños obedezcan
- Haga reglas específicas y claras. Palabras vagas como “mucho”, “lejos” o “tarde” significan cosas distintas para padres e hijos. Ponga límites concretos: tres caramelos hoy; no más allá del supermercado que está a dos cuadras; en casa a medianoche.
- No imponga reglas que usted mismo no cumpla. Los niños aprenden con el ejemplo, no con palabras. Un padre que miente por teléfono, pega o fuma no puede prohibir esas cosas con credibilidad. La fuerza de voluntad y la honestidad se aprenden observando a los padres.
- Sea constante. Las reglas que se flexibilizan por comodidad de los padres (acostarse más tarde cuando hay visitas) se citan al día siguiente. Si una regla debe cambiar, anúncielo con anticipación y explique el motivo.
- No sea ni demasiado rígido ni demasiado flexible. Escuche razones y permita excepciones sensatas (un cumpleaños), pero esté atento a la manipulación. Si los berrinches en una tienda funcionan, se repetirán; manténgase firme, incluso salga de la tienda, y el niño aprenderá después de algunas pruebas.
Disciplinar es enseñar. “Disciplina” comparte raíz con “discípulo”: significa enseñar, no castigar. El castigo genera rebeldía. Los padres deben explicar y guiar y, si aun así el niño no cumple, dejar que experimente las consecuencias como resultado natural de sus propios actos.

