Muchos padres creen que la prevención empieza a los 12 o 13 años y que la causa son las “malas compañías”. La autora sostiene que la prevención empieza en la primera infancia, y que el consumo de drogas y alcohol requiere tanto factores predisponentes como desencadenantes. Los amigos son solo el desencadenante; un niño sin la predisposición emocional seguirá diciendo que no incluso bajo presión.
Factores predisponentes
- Mecanismos de escape aprendidos temprano. Un bebé que llora por miedo o dolor y al que una y otra vez se calma con un chupete mojado en azúcar aprende a tapar el malestar con algo placentero en lugar de enfrentarlo. Más adelante, eso placentero pueden ser los dulces, el cigarrillo, el alcohol o las drogas. Una madre que, en cambio, investiga (el pañal, un dolor, un susto) y luego consuela al bebé le enseña a enfrentar los problemas. El alcohol y la marihuana son herramientas de escape ideales; la autora señala que la marihuana ofrece una calma que los adolescentes quizá no encuentren en la vida real.
- Sobreprotección. Un niño al que siempre le resolvieron todo crece temeroso y dependiente, y en la adolescencia, obligado a arreglárselas solo, puede apoyarse en un cigarrillo, en unos tragos que lo hacen sentir Superman o en estimulantes como la cocaína, que crean una sensación de poder.
- Baja autoestima. Un adolescente que se siente poca cosa descubre que unas cervezas le permiten hacer lo que creía que no podía (un chico de 14 años que por fin se anima a besar a una chica y decirle que la quiere) y quiere repetirlo. Muchos empiezan a tomar o a fumar marihuana para acercarse al grupo popular. La baja autoestima lleva a los adolescentes a destacarse mediante acciones negativas en lugar de positivas.
- Depresión o ansiedad. Los adolescentes deprimidos pueden usar cocaína o crack para tener energía, motivación y adormecer lo que sienten; los ansiosos pueden recurrir al cigarrillo, el alcohol o la marihuana para calmarse. Buscar calma, escapar de los problemas y querer sentirse mejor son las principales razones por las que los adolescentes empiezan.
- Factores sociales. La autora menciona una creencia machista presente en partes de la cultura latina según la cual beber demuestra hombría y los adultos necesitan alcohol para divertirse.
- Padres que beben. Los hijos que ven beber a uno de sus padres lo consideran normal y parte de ser adulto, y los padres que beben pierden credibilidad al advertir en contra.
La adolescencia trae grandes cambios, la necesidad de ponerse a prueba, de compararse y de pertenecer. Los adolescentes que llegan a esa etapa con baja autoestima, inseguridad, depresión o ansiedad corren un riesgo mucho mayor, y un hogar hostil, lleno de conflictos o excesivamente crítico los empuja a escapar.
Señales de alerta
- Físicas: cansancio, problemas de sueño, quejas frecuentes de salud, ojos rojos o apagados, tos persistente.
- Emocionales: cambios de personalidad, cambios bruscos de humor, irritabilidad, irresponsabilidad, baja autoestima, falta de criterio, depresión, aislamiento, pérdida de interés.
- Familiares: provocar discusiones, romper las reglas, alejarse de la familia.
- Escolares: menor interés, actitud negativa, baja en las notas, ausencias frecuentes, tareas sin hacer, problemas de disciplina.
- Sociales: amigos que consumen drogas o alcohol, problemas con la ley, cambios drásticos en la forma de vestir y en la apariencia.
Algunas de estas señales pueden indicar otros problemas emocionales, por lo que un adolescente del que se sospecha debería recibir una evaluación completa de un profesional de salud mental capacitado. Los padres ayudan más a través de la educación temprana sobre las drogas y el alcohol, la comunicación abierta, su propio ejemplo y la detección temprana de los problemas.
Si sospecha que hay consumo de drogas
- No reaccione con insultos, amenazas ni gritos.
- Resista la tentación de revisar su cuarto y sus pertenencias.
- Plantee sus preocupaciones con calma cuando ambos estén tranquilos.
- No recurra a ultimátums.
- Si tiene problemas con la policía o la justicia, apóyelo, pero deje que enfrente las consecuencias.
- Infórmese sobre las drogas en cuestión y desde hace cuánto tiempo las consume.
- Busque ayuda profesional. Si no tiene pruebas, consulte con un médico sobre un análisis de drogas y alcohol.
Estadísticas que cita la autora
La autora cita cifras de la Partnership for a Drug-Free America y de fuentes del gobierno de Estados Unidos, entre ellas: que los adolescentes cuyos padres les hablan regularmente sobre las drogas tienen un 42% menos de probabilidades de consumirlas (aunque solo uno de cada cuatro dijo haber tenido esas conversaciones), que el alcohol es la droga más común entre los adolescentes, que alrededor del 40% de quienes empiezan a beber a los 14 años o antes se vuelven dependientes más adelante, frente a alrededor del 10% de quienes empiezan a los 20 o después, que el 65% de los adolescentes que beben consiguen el alcohol de familiares o amigos, y que más de la mitad de los adolescentes desde octavo grado en adelante habían probado el alcohol.
Nota: Estas estadísticas datan aproximadamente de 2000–2005 y no las he verificado; hay cifras actualizadas disponibles en SAMHSA y los CDC.

