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Ilustración abstracta de una figura adulta agachada hasta quedar a la misma altura que una figura infantil, mirándose de frente.

Padres de Hoy · Capítulo 13

Cómo ayudar a los niños a sentirse seguros de sí mismos

Empatía en lugar de lástima: leer el lenguaje corporal del niño, entrar en su manera de ver las cosas, y por qué eso es lo que da confianza.

Cuando Marito pierde los estribos, su madre lo manda a su cuarto hasta que se calme. Le permite sentir su enojo, pero deja claro que no hablará con él en ese estado. Si ella le contesta a los gritos, la discusión se intensifica, sobre todo con un preadolescente o un adolescente. Los niños tienen emociones reales (nerviosismo, confusión, irritación) y necesitan que se las comprendan y acepten.

Empatía, no lástima

Los adultos quieren lo mismo. Si un padre preocupado le cuenta a un amigo que su hijo está enfermo y escucha “No te preocupes, todos los chicos se enferman”, se siente ignorado. Una respuesta que reconozca su miedo y sugiera pedir una segunda opinión lo hace sentir comprendido. Que nos digan que nuestros sentimientos están equivocados, o que deberíamos sentir otra cosa, no ayuda. Tampoco ayuda la lástima (“Ay, pobrecito”). Lo que queremos es empatía: que alguien salga por un momento de su propio punto de vista para ver las cosas desde el nuestro.

Escuche el lenguaje corporal

Carlitos entra arrastrando los pies, con aire abatido, y dice que terminó la tarea de matemáticas. Un padre que responde “Qué bien, terminaste” sin apartar la vista del televisor escucha las palabras, pero no capta el sentimiento. Un padre empático percibe el tono y la postura: “Terminaste, pero no te ves contento. Ven a contarme por qué”. La empatía consiste en compartir y comprender primero el sentimiento, sin juzgar ni corregir, y solo después ayudar al niño a procesarlo. Los niños también necesitan aprender que no todo sentimiento tiene que convertirse en acción; algunos solo necesitan expresarse y compartirse.

Ejemplo. Ana María, de tres años, corre hacia su madre asustada por un avión que pasa. La respuesta típica es explicarle que es solo un avión y que no hay nada que temer, lo cual intenta eliminar la emoción con argumentos. La respuesta empática es un abrazo y un “Qué ruido tan fuerte, entiendo que te asustaste”. Una vez que la niña se siente comprendida y tranquila, puede entrar la lógica. La empatía, dice la autora, es escuchar con el corazón.

Por qué a los padres les cuesta ser empáticos

Los padres necesitan cierta paz interior para entrar en el mundo de un hijo. Un padre agotado y preocupado por las cuentas, o una madre deprimida que funciona en piloto automático, apenas pueden escuchar a sus hijos. Los padres también fallan en la empatía cuando insisten en que los hijos reaccionen como ellos lo harían, o cuando les temen a las emociones y tratan los sentimientos ajenos como papas calientes. Estar abiertos a nuestros propios sentimientos, sin juzgarlos, facilita aceptar los de nuestros hijos.

Beneficios

La empatía le dice al niño: tu manera de ver las cosas me importa y mereces mi tiempo. Los niños tratados así crecen seguros, con buena autoestima, y aprenden a tratar a los demás con la misma comprensión. Cuando los niños esperan no ser comprendidos, dejan de hablar, y padres e hijos se vuelven extraños.

Todos los capítulos

Un resumen con nuestras propias palabras de un capítulo de Padres de hoy: Instrucciones para criar a sus hijos en los tiempos modernos, de Iris Yankelevich, LCSW (Llewellyn Español, 2006). No es una reproducción del texto original. Más sobre el libro.

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