Sesgo cultural. La autora comienza señalando cuántas culturas han asociado el lado derecho con la bondad y la destreza, y el izquierdo con la debilidad o el mal: en el lenguaje (“diestro” frente a “siniestro”), en el arte religioso, en las costumbres e incluso en la política. Los padres criados con estas asociaciones a menudo empujan al niño que tiende a la izquierda a usar la mano derecha, a veces con presión o impaciencia, con el argumento de que el mundo está hecho para diestros.
No fuerce el cambio. Hoy la psicología reconoce que no hay ninguna razón válida para cambiar la mano preferida de un niño. Las personas zurdas pueden hacer de todo, incluso usar herramientas diseñadas para diestros, y muchas personas alternan las manos según la tarea. La mayoría de los niños muestran una preferencia clara hacia los cuatro años; los niños ambidiestros suelen tener que elegir cuando aprenden a escribir. Presionar a un niño para que use la mano derecha puede alterar su desarrollo motor y le enseña que algo de su naturaleza está mal, lo que daña su autoestima.
Su visión sobre los zurdos y el cerebro. La autora relaciona el ser zurdo con el predominio del hemisferio derecho y, por lo tanto, con la creatividad, la emoción, la intuición y la capacidad artística, y sugiere que los niños zurdos pueden necesitar apoyo adicional en matemáticas y otras materias rigurosas. Recomienda a los padres de niños con dificultades en matemáticas o lectura que busquen actividades que estimulen las habilidades del hemisferio izquierdo.
Un caso de mensajes contradictorios. Una madre insistía en que su tímido hijo de seis años era diestro porque nadie en la familia era zurdo, mientras que su maestra ignoraba el asunto. Las pruebas mostraron que era zurdo. Atrapado entre los dos adultos, le dijo a la evaluadora que sus dos manos eran “malas”: la izquierda porque quería hacerlo todo, y la derecha porque no podía hacer nada bien. La autora afirma que este tipo de conflicto deja al niño ansioso, avergonzado y con baja autoestima. Antes, los maestros les ataban la mano izquierda a los niños o los golpeaban con la regla; hoy se aconseja respetar la tendencia natural del niño.
Imitar a un padre. Eric, de casi cuatro años, de pronto empezó a escribir con la mano izquierda “como papá”, que es zurdo. A esa edad los varones imitan a su padre como parte de su identificación masculina, y él había llegado a la conclusión de que los hombres son zurdos y las mujeres diestras. Si por naturaleza es diestro, es probable que el cambio pase solo.
Cierra señalando que las personas zurdas a menudo llegan a ser artistas, diseñadores, actores, músicos o empresarios intuitivos.
Nota: La relación entre la lateralidad, el predominio hemisférico y la personalidad o la capacidad matemática es una simplificación; la investigación no respalda predecir los talentos de un niño a partir de la mano que usa. El consejo central —no obligar a un niño zurdo a cambiar de mano— coincide con las recomendaciones actuales.

