La mayoría de los niños sienten envidia en algún momento. Surge de forma natural al compararnos con otros y desear lo que no tenemos, así que no se debe avergonzar, burlar ni castigar a los niños por sentirla. La autora distingue la envidia positiva (la admiración y el deseo de parecerse a alguien) de la envidia negativa, que daña las relaciones, genera amargura y puede llevar a intentar perjudicar a la persona envidiada. Los celos involucran a tres personas; la envidia, a dos.
La envidia negativa se desarrolla de manera gradual, en lugar de aparecer en la primera infancia, sobre todo en niños que sufren carencias emocionales o materiales. Es señal de insatisfacción con uno mismo y de baja autoestima. Si se vuelve un sentimiento crónico y dominante, puede convertirse en un rasgo de personalidad duradero que amarga las relaciones.
Cómo prevenirla
- Escuche, no solo hable. Muchos padres creen que hablarles a los hijos es comunicarse; no lo es si no los escuchan también. Ayude a los niños más callados a expresarse haciéndoles preguntas.
- Deles palabras para nombrar sus sentimientos. Cuénteles cómo se sintió usted en situaciones parecidas cuando era niño y luego pregúnteles, por ejemplo, cómo se sintieron cuando les dijeron que este año no podían tener una computadora, mientras que su primo ya tiene una.
- Fomente la empatía con preguntas como “¿Cómo crees que se siente tu hermano cuando le quitas la bicicleta?”.
- Aproveche la hora de dormir para conversar sobre el día; es un momento relajado e íntimo.
- No juzgue ni amenace (“eres un niño malo”, “Dios te va a castigar”). La culpa no hace desaparecer la envidia. En cambio, ayúdelos a ver el panorama completo: un amigo con ropa cara quizá no tenga una mamá que lo escuche ni una abuela que le prepare sus postres favoritos.
- Ayúdelos a valorar lo que tienen sin cerrar la posibilidad de conseguir más adelante lo que desean.
- Deje de comparar a los hermanos. En lugar de “Tus cuadernos están más ordenados que los de tu hermano”, diga “Me gusta lo ordenados que tienes tus cuadernos”. En lugar de “Ana ayuda más que tú”, diga “Podrías ayudar más si quisieras”.
- Trate a cada hijo como alguien único. Dedique tiempo individual a cada uno, compre a cada uno lo que necesita en lugar de cosas idénticas y elogie las fortalezas propias de cada hijo.
La envidia también se aprende de los padres, así que conviene que ellos revisen si la albergan y trabajen en su propia autoestima. Ese es el mejor ejemplo que pueden dar.

