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Ilustración abstracta de una figura adulta y una infantil separadas, unidas a través del espacio por un arco de pequeños círculos.

Padres de Hoy · Capítulo 16

Cómo afecta a los niños estar lejos de sus padres

Lo que una separación significa para un niño sin noción del tiempo, por qué un niño tranquilo no está necesariamente bien, y el peso particular del hijo que queda en otro país.

Un bebé que queda al cuidado de un extraño no puede protestar, pero aun así siente profundamente la separación: otro lugar, otra cama, otros sonidos, otra voz y otra forma de ser cargado. Como no tiene noción del tiempo, vive una ausencia temporal como una desaparición total, y puede manifestar su angustia con llanto o enfermedad. La autora considera que muchas enfermedades infantiles son respuestas físicas a la ansiedad.

Ejemplos. El bebé de cinco meses de Ana María, que llega sano a la guardería, a menudo tiene a media mañana una fiebre sin explicación que desaparece por la noche. La autora lo interpreta como una reacción a la separación. Otros bebés muestran la angustia más tarde, en casa: llanto, mal sueño, falta de apetito. La separación se vuelve más difícil alrededor de los 6 a 8 meses, cuando los bebés notan claramente la ausencia de la madre y desconfían de los extraños. Los niños pequeños pueden llorar y correr detrás del padre o la madre, resistirse a que otros los carguen o los alimenten, o tener retrocesos (volver a mojarse, pedir el biberón).

Tranquilo no significa bien. Un niño que parece aceptar la separación con calma quizá simplemente no la está expresando, algo que a la autora le parece más preocupante. Mariano empezó con una niñera a los tres meses y pasó por tres niñeras, “adaptándose bien” cada vez. A los seis años es extremadamente tímido, no habla ni juega con sus compañeros y se queda pegado a su madre. Después de apegarse a cuidadoras que desaparecían una y otra vez, ahora solo confía en ella. Es mejor que los niños lloren en el momento a que se guarden lo que sienten.

Niños que se quedan en otro país

Muchos padres inmigrantes dejan a algunos o a todos sus hijos con los abuelos o con parientes en su país de origen y los van trayendo de a uno cuando ya están establecidos. Puede que allí los niños estén más seguros y tengan más estabilidad, pero emocionalmente casi siempre sufren. Aunque entiendan por qué se fueron sus padres, se sienten abandonados y menos importantes que otras cosas. La autora lo compara con el duelo: entender por qué ocurrió una pérdida no quita el dolor.

Cuando se reencuentran, estos niños suelen ser rebeldes y resentidos, a veces sin poder explicar por qué. Un “te voy a hacer pagar por haberme dejado” que nunca se dice puede manifestarse como desafío, desinterés por la escuela o búsqueda de atención. Tienden a tener menor autoestima, inseguridad y dificultades para adaptarse, y nada de lo que hagan los padres parece ser suficiente.

Cómo ayudar

Explique con honestidad por qué tuvo que irse, como un relato de lo que pasó y no como una excusa. Demuestre su afecto físicamente (abrazos, besos) para llenar un vacío largo. Reconozca que quizá deba construir la relación desde cero: se perdió las primeras palabras, los primeros pasos, los primeros días de escuela, tal vez la primera menstruación de una hija, y el niño aprendió a no necesitarlo. Un niño que se quedó atrás también puede sentir celos de los hermanos que se quedaron con los padres. Los padres deben comprender estos sentimientos y mantener una comunicación abierta y honesta para que el niño se sienta querido y comprendido.

Todos los capítulos

Un resumen con nuestras propias palabras de un capítulo de Padres de hoy: Instrucciones para criar a sus hijos en los tiempos modernos, de Iris Yankelevich, LCSW (Llewellyn Español, 2006). No es una reproducción del texto original. Más sobre el libro.

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