El capítulo comienza con una queja conocida: una esposa que hace y decide todo mientras su marido trabaja, vuelve a casa y mira televisión, y aun así ella dice: “No sé qué haría él sin mí”. Rocío, casada desde hace cuatro años, está agotada, quiere divorciarse y ha evitado tener hijos porque sabe que el trabajo recaería sobre ella.
El miedo oculto. La responsabilidad es compartida: Rocío fue tomando el control de cada vez más cosas hasta que su marido dejó de decidir nada y no pudo funcionar sin ella. Detrás de su necesidad de controlar y de ser necesitada hay un intenso miedo al abandono. Su padre se fue cuando ella tenía cuatro años. Su madre, que la crió sola, lloraba y repetía que todos los hombres son iguales: se casan, tienen hijos y se van. Rocío sufrió, y luego se adaptó hasta sentir que no necesitaba a su padre. De adolescente le atraían los chicos, pero se cerraba, con un miedo inconsciente a ser abandonada como su madre y a revivir el dolor de perder a su padre.
Cuando conoció a su marido, percibió que él era emocionalmente dependiente y pensó, en algún nivel, que ese hombre nunca la dejaría. Los hombres dependientes no se van; se acostumbran a que los cuiden, y la mujer sigue teniendo el control. Detrás de una mujer controladora suele haber un gran miedo al abandono o a la traición. A largo plazo, esto no satisface a ninguno de los dos. Habiendo absorbido el resentimiento de su madre hacia los hombres junto con su propio amor por su padre, Rocío concluyó que la única manera de retener a un hombre era volverse indispensable. Ahora, tan segura de que no la van a dejar, es ella quien elige irse.
Cómo ayudar a los hijos
Si su marido se va, intente entender cómo se llegó a esa situación sin culparse, y trabaje sus sentimientos en lugar de aferrarse al enojo, que la daña a usted y a sus hijos. Sobre todo, no generalice sobre todos los hombres. Ese mensaje daña la imagen de sí mismos y la autoestima de los varones, y moldea las futuras relaciones de las niñas con los hombres, porque el padre es el primer modelo masculino para ambos. No hable mal de su padre ni descargue en ellos su propio resentimiento; esos sentimientos son suyos, no de ellos. Sea honesta sobre lo que pasó. Si le resulta difícil manejarlo, busque ayuda profesional, porque las emociones intensas pueden llevarnos a decir y hacer cosas que afectan profundamente a nuestros hijos.

