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Ilustración abstracta de una figura infantil frente a un gran panel en forma de espejo que devuelve un reflejo suave de su silueta.

Padres de Hoy · Capítulo 8

Cómo afectan nuestros juicios a los niños

La diferencia entre nombrar un sentimiento y etiquetar a un hijo, por qué las etiquetas se quedan, y cómo ser espejo en vez de juez.

Dos madres son interrumpidas una y otra vez. Martha dice: “¡Eres un maleducado y un grosero!”. La madre de María dice: “¡Estoy cansada de tus interrupciones; no me dejas hablar!”. La primera juzga desde arriba y etiqueta al niño, golpeando su imagen de sí mismo. La segunda expresa sus propios sentimientos y el efecto de la conducta, lo que le enseña al niño y hace más probable el cambio. Menospreciar, juzgar, avergonzar y castigar hace que los niños se sientan poco queridos y con una mala imagen de sí mismos, y los niños actúan de acuerdo con cómo se ven.

Sea un espejo, no un juez. Los padres deben mostrarle al niño el efecto de su acción en lugar de dictar veredictos. La autora contrasta a dos padres:

  • Padre A: “Eres un vago, nunca vas a llegar a nada”. “Mira lo ordenado que es tu hermano; tú eres un desastre”. “Eres malo con tu hermanito; no tienes sentimientos”.
  • Padre B: “Me preocupan tus calificaciones. ¿Qué está pasando? Veamos cómo puedo ayudarte”. “No quiero seguir levantando tus cosas; te sentirás más cómodo si mantienes todo en orden”. “A Carlitos le duele cuando lo pellizcan. A ti tampoco te gustaría”.

Las palabras del padre A generan culpa y dolor, y cada ataque invita a un contraataque; el niño puede seguir portándose mal por despecho. Las etiquetas también le enseñan al niño que sus acciones y su valor son lo mismo (“Si me porto mal, soy una mala persona”), de modo que su autoestima sube y baja con cada error. Aunque los padres no crean que su hijo es malo o tonto, decírselo hace que el niño lo crea. La autora relaciona esto con los adultos que aceptan malos tratos de sus parejas o jefes porque sienten que no merecen nada mejor.

Cómo evitar juzgar

Hable de lo que siente y de los resultados de la conducta, sin etiquetas como vago, desordenado, lento, egoísta o sinvergüenza. En lugar de “¡Siempre eres tan lento!”, diga “Veo que vamos a llegar tarde a la escuela”. En lugar de “No seas sucio”, diga “Después vas a tener que limpiar las migas”. En lugar de “¡Mentiroso!”, diga “Quiero estar seguro de que lo que dices coincide con lo que haces; valoro que me digas la verdad”. En lugar de un insulto, diga “Me da miedo que te pase algo cuando juegas en la calle”.

La mayoría de nosotros fuimos juzgados toda la vida y juzgamos constantemente, incluso a nosotros mismos (“¡Qué tonto fui!”). Romper el hábito implica darse cuenta y reemplazar el juicio por algo constructivo, como responder al error de un amigo con “Una vez hice algo parecido y me arrepentí”. Requiere atención y práctica.

Beneficios

El niño seguirá siendo juzgado por amigos, maestros y jefes, pero un niño que no fue aplastado por los juicios de las personas importantes de su vida puede restarles importancia. Crecerá seguro, no se sentirá atacado ni necesitará contraatacar, no cargará con la culpa, tratará a los demás de forma constructiva y se valorará a sí mismo, lo que hará que los demás también lo valoren.

Todos los capítulos

Un resumen con nuestras propias palabras de un capítulo de Padres de hoy: Instrucciones para criar a sus hijos en los tiempos modernos, de Iris Yankelevich, LCSW (Llewellyn Español, 2006). No es una reproducción del texto original. Más sobre el libro.

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