A muchos niños les cuesta aprender a leer no por falta de inteligencia, sino porque se saltearon pasos básicos previos. Como un edificio, la lectura necesita cimientos sólidos, y los padres deberían empezar a construirlos alrededor de los dos o tres años para que el niño llegue a primer grado preparado.
Qué hacer antes de primer grado
- Enséñele a escuchar y seguir instrucciones. Comience alrededor del año con pedidos simples (“Ven, dame la cuchara”) y hágalos más complejos con la edad. Para enseñar a escuchar, escuche usted: deje lo que está haciendo, acérquese, mire al niño a los ojos y préstele toda su atención. Los niños aprenden de lo que ven.
- Fomente las oraciones completas. A los tres o cuatro años, los niños pueden responder con oraciones completas en lugar de una sola palabra. Los padres también deberían hablar con oraciones completas (“No toques ese florero, se puede romper” en vez de “No toques”), lo que enseña gramática y amplía el vocabulario.
- Lea cuentos en voz alta. La lectura permite que los niños imaginen personajes y escenas, lo que desarrolla la creatividad, mientras que el exceso de televisión les da imágenes ya hechas y los vuelve pasivos. Los cuentos antes de dormir son un hábito diario ideal, y un niño al que le encantan los cuentos querrá aprender a leer.
- Pídale que cuente lo que hizo y sintió. Después de una salida, pregúntele: ¿te divertiste?, ¿había muchos chicos?, ¿te asustaron los truenos? Esto desarrolla la expresión y la conexión emocional, y los niños que sienten que sus experiencias les interesan a los demás se interesan a su vez por las historias de otros.
- Fomente la observación. En las salidas, pídale que describa lo que ve y que compare: ¿ese cartel es más grande que el de nuestra esquina?, ¿este parque tiene más árboles que el de la semana pasada? Esto amplía el vocabulario y la capacidad de comparar tamaños, colores y cantidades.
- Enseñe palabras nuevas con ejemplos concretos. Corrija con suavidad, evite hablarle como a un bebé y explique las palabras nuevas usando cosas que el niño haya vivido; la autora señala que los niños no pueden manejar el pensamiento abstracto hasta los siete u ocho años. Para “artificial”, señale la pata de palo de un pirata en un cuento o la gran nariz falsa de un disfraz de payaso.
- Practique distinguir lo igual y lo diferente. Esta habilidad es la base para diferenciar letras y sonidos. Incorpórela a la vida diaria: dale a tu hermano el vaso más chico, pásame el plato verde, elige seis tomates del mismo tamaño. Que sea un juego, no una presión.
- Desarrolle asociaciones. Los bebés ya relacionan el sonido de la puerta del refrigerador con la hora de comer. Refuerce esto con preguntas: tu hermano está llorando, ¿por qué crees que llora? Papá no fue a trabajar hoy, entonces ¿qué día es?
- Hablen sobre las ilustraciones. Mientras lee, señale detalles de las ilustraciones y pregúntele qué más ve. Los niños rara vez describen las imágenes por su cuenta si no se los invita a hacerlo.
- Lea usted y haga que la lectura sea emocionante. Si nadie en casa lee, los niños suponen que no importa. Lea algo que disfrute, comente lo divertido que es leer y haga que el momento de aprender sea placentero. Los niños valoran lo que valoran sus padres.
- Hágalo sentir capaz. Tenga paciencia, celebre los avances con elogios y abrazos, y nunca diga cosas como “Ya te dije esta palabra mil veces”. Aprender implica muchos errores. No grite, y no descargue frustraciones ajenas durante el momento de aprendizaje. Los niños buscan el aprendizaje que asocian con alegría y evitan el que asocian con frustración.

