La educación sexual no consiste solo en explicar la mecánica, algo que cualquier libro o una charla breve puede cubrir. Lo que realmente define cómo los jóvenes manejan su sexualidad son sus actitudes hacia el sexo y hacia sí mismos, y la enseñanza de esas actitudes, junto con el respeto por la sexualidad y por uno mismo, comienza en la primera infancia.
¿Por qué cuesta tanto hablar del tema?
Persisten creencias de siglos según las cuales el sexo es sucio o pecaminoso, y la mayoría de los padres creció en hogares donde nunca se hablaba de él, así que no tienen un modelo que seguir. En los siglos XV y XVI, el sexo se consideraba aceptable solo para la reproducción, y el placer, sobre todo el de la mujer, se veía como inmoral. La sobreexposición actual del sexo es, en opinión de la autora, un movimiento pendular frente a aquella represión. El sexo merece un punto medio respetuoso: ni oculto ni exhibido, ligado al amor, la responsabilidad y el compromiso, y nunca usado para controlar a otros ni de manera autodestructiva.
Sexo y amor
La autora cita estudios en los que monos criados lejos de sus madres mostraron poco interés en aparearse de adultos, y las hembras rechazaron a sus crías, como prueba de que la sexualidad adulta se forma a partir de las experiencias tempranas de ternura y contacto. Para dar amor, una persona primero debe recibirlo. Cada vez que los padres cargan, mecen, bañan o alimentan a un bebé, le están enseñando a recibir amor y a disfrutar de la cercanía física; la educación sexual empieza allí. La confianza, la autoestima y la atención sin juicios enseñan comunicación, intimidad y compromiso. Un niño rechazado cuando busca cercanía puede, más adelante, sentir que la intimidad es riesgosa y preferir el contacto puramente físico.
Emociones reprimidas. Los niños a quienes se les cierran los sentimientos (“No llores”, “No digas lo que sientes”) o que absorben en silencio las peleas o el maltrato entre sus padres pueden, en la adolescencia, usar el sexo como válvula de escape para esas emociones. Las parejas que evitan el conflicto también pueden expresarlo a través del sexo; la autora describe a un hombre que, de manera inconsciente, “se vengaba” así de su esposa. Los padres que resuelven los problemas conversando abiertamente y permiten que sus hijos expresen sus emociones están dando una educación sexual positiva.
La identificación con el propio sexo
Nada es más devastador para un niño que sentir que su sexo lo hace “menos”. Los padres nunca deben mostrar preferencia por los varones o por las niñas, y un padre que rechaza el sexo de su hijo debe mirar hacia adentro y esforzarse activamente por corregirlo. La autora lo ilustra con el caso de un padre que quería un varón y llamaba a su hija “mi varoncito”.
Nota: En ese caso, la autora atribuye la orientación sexual posterior de la hija a la actitud de su padre. Eso refleja opiniones que sostenían algunos clínicos cuando se escribió el libro; la investigación psicológica actual no respalda la idea de que la crianza determine la orientación sexual de un hijo. Su argumento más amplio, que rechazar el sexo de un hijo daña su autoestima, es válido por sí mismo.
Actitudes hacia el sexo
La autora sostiene que un varón excesivamente dominado por su madre puede usar más adelante el sexo para controlar a las mujeres, y que las niñas que carecieron de afecto pueden buscarlo a través de relaciones sexuales, mientras que una niña con un padre controlador puede intentar a su vez controlar a los hombres, o usar el sexo para obtener el afecto y la seguridad que le faltaron.
Cómo hablar con los niños
- Cuando el sexo es tabú, los niños satisfacen su curiosidad a través de amigos, pornografía o videos que distorsionan una sexualidad sana. Los libros o videos de la biblioteca pueden ayudar a los padres a iniciar la conversación.
- Las conversaciones deben empezar a los 3 o 4 años, cuando los niños preguntan de dónde vienen los bebés. A esa edad, la curiosidad por las diferencias corporales y los juegos de “doctor” son normales; si se responde con calma, la curiosidad suele quedar satisfecha. Una preocupación excesiva es motivo para consultar a un profesional.
- Responda con naturalidad, como con cualquier otro tema. Las evasivas (“Pregúntale a tu papá”, “Eres muy chico”), la incomodidad, el enojo o la risa le enseñan al niño a no preguntar, y buscará respuestas en otra parte.
- La autora cita estadísticas según las cuales los niños que reciben una buena educación sexual en casa inician su actividad sexual más tarde, y los adolescentes que carecen de afecto y comunicación en su hogar pueden buscar cercanía a través de relaciones.
- Protección: los niños que sufren abuso sexual suelen ser abusados por alguien que conocen, y muchas veces aceptan caricias inapropiadas porque nadie les dijo que no son aceptables de parte de nadie, y luego lo ocultan por miedo. Hablar abiertamente sobre sexualidad es la mejor protección.

