Los padres quieren que los hermanos se lleven bien, pero insistir demasiado puede ser contraproducente. Una madre cuenta que su hijo de ocho años llama constantemente idiota a su hermano de seis, mientras que el de seis le rompe las cosas a su hermano y culpa al más chico. El mayor está celoso y menosprecia a su hermano; el menor se venga.
No busque al culpable
En una pelea entre dos, ambos comparten la responsabilidad. Preguntar quién empezó solo lleva a que cada uno culpe al otro y distorsione la verdad. No tome partido; trabaje con cada niño por separado. Con el mayor celoso, destaque las ventajas de ser el mayor, ofrézcale algunos privilegios y hable sin culpar (“¿Cómo te sentirías si alguien te dijera estúpido todo el tiempo? A tu hermano le duele, y yo sé que lo quieres”). Permítale expresar sentimientos negativos sin decirle que están mal, lo que solo lo haría sentirse el malo. Refuerce los sentimientos positivos y dele menos peso a los negativos, ya que lo que recibe energía se refuerza. Con el menor, muéstrele que no es estúpido, elogie lo que hace bien, exprésele su confianza y permítale también expresar lo que siente.
Los sentimientos que se expresan pierden fuerza; los que se guardan se convierten en una bomba de tiempo. “¡Odio a José, siempre me quita los juguetes!” no es odio verdadero sino enojo y dolor momentáneos, y es mejor que se diga en voz alta.
Reglas para intervenir
Por lo general, manténgase al margen de las peleas. Si lo llaman, diga que usted no estaba presente y que ellos deben resolverlo, pero que la regla de la familia es que nadie lastima a nadie. Si se rompe esa regla, aplique a ambos niños una consecuencia con calma (sin salida del domingo, sin televisión por dos días) en lugar de gritar, pegar o amenazar.
Las palabras duelen más que los golpes. La regla de no lastimar incluye también la crueldad verbal; los hermanos saben exactamente qué los va a herir. Los padres deben dar el ejemplo en su propio matrimonio: no se pueden prohibir los insultos mientras se insulta al cónyuge. Los niños deberían ver que sus padres resuelven los problemas hablando, no gritando, atacando ni quedándose callados, ya que los problemas sin resolver tarde o temprano explotan.
Los conflictos entre hermanos son una práctica para los desacuerdos de la vida adulta. Ayude a los niños a expresar sus sentimientos y a entender al otro (tu hermano no te presta su avioncito porque ya le rompiste dos; dile que lo vas a cuidar), pero deje que ellos negocien.
Actitudes clave
- Anime a los niños a encontrar sus propias soluciones.
- No tome partido ni defienda a uno de los niños; el otro se sentirá menos querido y el resentimiento aparecerá más adelante.
- No haga de árbitro, o nunca aprenderán a resolver conflictos.
- Nunca permita el maltrato físico ni verbal; intervenga y exija respeto.
- Su ejemplo es más poderoso que los sermones.
- Fomente la comunicación y la expresión de los sentimientos.

