Muchos padres ven el juego como una pérdida de tiempo. La autora describe a José, que llena la agenda de su hijo de seis años con tareas, visitas a la biblioteca, karate y ayuda en el trabajo, y no le permite jugar para que aprenda “responsabilidad”. La estructura es buena, dice, pero el tiempo de juego es esencial.
A través del juego, los niños liberan frustraciones, desarrollan la fantasía, enfrentan conflictos y aprenden a resolverlos, y ensayan situaciones nuevas; todo esto fortalece el lenguaje y la capacidad de aprender. Alrededor de los dos años, un niño puede convertir una caja de cartón en un autobús o dos sillas en un tren. Esta capacidad de imaginar y dar nuevos usos a los objetos sienta las bases para comprender los números, las letras y las ideas abstractas. La autora lo llama el precursor del pensamiento.
El juego simbólico (un niño que acuesta a su osito, o que le asigna a mamá el papel de prima mientras él juega a ser maestro) parece simple diversión, pero es fundamental para el desarrollo. La autora desaconseja dar demasiados juguetes electrónicos a los niños pequeños. Una muñeca u osito favorito suele servir de intermediario para las frustraciones, deseos y agresividad del niño, y como fuente de seguridad; debe seguir siendo el mismo objeto y, sugiere, no debe reemplazarse ni siquiera lavarse.
Cómo jugar con su hijo
Súmese cuando lo inviten, pero no tome el control ni imponga sus ideas. Siga la fantasía (“¡Qué café tan rico! Con dos de azúcar, por favor”) en lugar de corregirla (“Esas son tapitas, no tazas”). Deje que el niño sea el maestro en vez de quedarse usted con el papel por ser más grande. Cuando termine el juego, dígale lo divertido que fue y llévelo con suavidad de vuelta a la realidad y a la siguiente tarea.
Conozca a su hijo observándolo
El juego simbólico es una ventana al mundo interior del niño. Los temas que se repiten muestran lo que le preocupa, y la forma en que resuelve las situaciones muestra cómo maneja los conflictos. Un niño que le dice a su osito “Voy a llegar tarde, pero no llores” puede estar procesando las ausencias de un padre. Servir café muestra el deseo de crecer y ser como mamá. El juego permite a los niños manejar sus sentimientos y liberar tensiones.
Los mejores materiales son los abiertos: plastilina, cajas, bloques, papel y lápices, títeres, disfraces, libros ilustrados. Los niños no deberían pasar la mayor parte de su tiempo libre frente a la televisión o los videojuegos, y el juego debe alternarse con las responsabilidades. Un niño que no muestra ganas de jugar puede tener un problema físico o emocional y debería ser evaluado por un profesional.

